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LAS EMOCIONES EN EL DEPORTE

Leandro José Coach
Publicado de Leandro José · 29 Julio 2020
Introducción
 

 
A lo largo de mi formación y práctica deportiva, observé que generalmente se trabaja sobre la parte física y técnica de los deportistas, no incluyendo el descubrimiento y gestión de las emociones que nos hacen actuar como actuamos.
 
 
En mi experiencia como deportista, con 20 años de práctica de Karate, donde también fui profesor y habiendo jugado al futbol en diferentes clubes pude ver y distinguir que en muchos momentos si hubiese aprendido a gestionar mis emociones seguramente los resultados y el proceso hubiesen sido diferentes.
 
 
Juzgo como un gran aporte para los deportistas aprender a observarse, distinguir en que momento y cuáles son las emociones por las cuales atraviesan para poder gestionarlas y que sus acciones sean coherentes con el resultado que quieren conseguir. Este nuevo aprendizaje servirá tanto al momento de la competición, como para el entrenamiento y su vida cotidiana.
 
 
Desde la Ontología del lenguaje entendemos a la emoción como una predisposición para la acción, distinguiendo esto el deportista podrá observar como sus resultados pueden mejorar predisponiéndose y accionando acorde a sus intereses y detectando cuales son las emociones que están interfiriendo en su potencial.
 
      
 
Dicho aprendizaje genera el desafío de distinguir, habitar y gestionar sus emociones. Esto genera un aporte importante a la coherencia del deportista como tal e influirá también a su corporalidad y lenguaje.
 
Otro desafío de éste aprendizaje emocional es generar nuevos hábitos  sustentables en el tiempo, y la apertura y compromiso del deportista por disminuir las interferencias entre su resultado actual y el resultado que buscan alcanzar.

EMOCIONES Y ESTADOS DE ÁNIMO
 
 
En primer lugar me gustaría presentar los tres dominios primarios que constituyen nuestra coherencia personal. Reconocemos entonces el dominio del lenguaje (palabras y pensamientos), el dominio del cuerpo y el dominio de la emocionalidad.
 
 
Estos tres dominios, se relacionan entre sí,  por lo tanto, lo que acontece en uno de ellos condiciona lo que sucederá en el otro. Posturas físicas, emocionalidad y lenguaje se influencian mutuamente.


 
                                               
 
 
Dada dicha coherencia, entendemos que las transformaciones producidas en un determinado dominio se traduzcan en modificaciones en los demás. Existe, por lo tanto, todo un campo de intervenciones indirectas a través de las cuales, por ejemplo, una modificación emocional puede perfectamente modificar nuestras conversaciones y nuestra postura física.
 
A cada emoción corresponde una corporalidad y un lenguaje, basta observar a los deportistas en una conferencia de prensa o mismo en una competencia, donde puede ir ganando, perdiendo o empatando y notar cuál es su coherencia entre lo que están sintiendo, sus cuerpos y lo que están diciendo.
 
Es más, en muchas ocasiones podemos intuir el resultado de un equipo o deportista por sus declaraciones o corporalidad, lo que nos hace pensar que su emocionalidad no generara una predisposición para la acción correspondiente al resultado que quiere generar.
 
 

 
La distinción entre estados de ánimo y emociones

 
La emoción, es una distinción que hacemos en el lenguaje para referirnos al cambio  en  nuestro  espacio  de  posibilidades  a  raíz  de  determinados  acontecimientos (sucesos, eventos o acciones). Cuando hablamos de emociones, por lo tanto, podemos señalar las circunstancias particulares que las generan. Podemos identificar los acontecimientos que gatillan las emociones. Si esos acontecimientos desaparecen, normalmente las emociones que los acompañaban también desaparecerán. Las emociones son específicas y reactivas. Los acontecimientos las preceden. Al referirnos a las emociones, a menudo estamos observando la forma en que la acción (o determinados eventos) modifican nuestro horizonte de posibilidades.
 
Los estados de ánimo son una distinción muy diferentes de la distinción de emociones. Cuando hablamos de estados de ánimo, nos referimos a una emocionalidad que no remite necesariamente a condiciones específicas y que, por lo tanto, normalmente no los podemos relacionar con acontecimientos determinados. Los estados de ánimo viven en el trasfondo desde el cual actuamos. Ellos se refieren a esos estados emocionales desde los cuales se realizan las acciones.
 
 
 
Una vez presentado el tema, ahondaremos es su relación con la acción:
 
EMOCIONES, PREDISPOCIONES PARA LA ACCION

 
“Cada estado de ánimo genera un mundo particular. Y ese mundo será muy diferente si estamos en un estado de ánimo de entusiasmo, de aburrimiento o de tristeza. En general, cuando estamos en estados de ánimo «positivos» (felicidad, entusiasmo, admiración, etcétera), nos encontramos en un mundo que está lleno de nuevas posibilidades para el futuro. Cuando estamos en estados de ánimo «negativos» (tristeza, miedo, ansiedad, etcétera), nos encontramos en un mundo que cierra nuestras posibilidades”.
 
Las emociones nos predisponen para la acción, cuando una persona percibe algo que le genera alguna emoción, el cerebro, movido por esa emoción, produce sustancias químicas que inducen a la persona actuar en consecuencia, para todas las emociones hay neurotransmisores particulares. Las emociones nos ayudan en la toma de decisiones, en los razonamientos, en los aprendizajes, en la concentración y nos sirven para evaluar el medio ambiente que nos rodea para reaccionar de forma adaptativa.
 
El miedo, por ejemplo genera que el cerebro disponga al cuerpo a huir,  el enojo a luchar y así cada emoción provoca una disposición a diferentes acciones.
 
Las emociones son particulares para cada individuo, esto quiere decir que ante un evento determinado, una persona puede sentir miedo, desafío o indiferencia. Estas emociones se disparan de acuerdo con la valoración que hace el individuo de lo que está ocurriendo, a esa evaluación la llamaremos juicios. Estos juicios varían con cada individuo y se relacionan con la forma que esa persona tiene de observar el mundo.
 
Esta  forma  de  observar  el  mundo  es  la  llave  del  mundo emocional de la persona, desde allí juzga lo que es bueno y lo que es perjudicial  para  ella,  lo  que  considera  posible  de  lograr  y  lo  que entiende que es imposible e influye directamente en los resultados que podrán obtener.
 
En los deportes, constantemente nos suceden diferentes situaciones, ante los cuales tomamos decisiones que traen consecuencias, estas  se  viven  con  un  acompañamiento  emocional.  
 
Cuando un deportista está con emociones acorde a los resultados que desea obtener, posibilita el logro de objetivos cada vez más importantes y extraordinarios.
 
Cuando tomamos conciencia que no es lo mismo ejecutar una acción  que  esperar  que  algo  ocurra,  nuestra realidad comienza a cambiar.
 
Los estados de ánimo no son solo individuales sino colectivos, podemos hablar del estado de ánimo de un equipo, un club, una ciudad, además tienen la particularidad de ser altamente contagiosos.
 
 
“Todos quieren ganar pero no todos tienen el deseo de prepararse para hacerlo.” Bobby Knight, entrenador de basquertbol.
 
¿Nos está hablando de una emocionalidad de equipo o individual? ¿En ese caso, cual es el trabajo emocional que se realiza para acompañar al deportista que Si quiere ganar y que no está pudiendo prepararse para hacerlo?
 
 
La emoción más frecuente que experimenta un deportista, es el miedo, el cual bloquea al deportista. El miedo aparece cuando un estímulo es percibido como amenazante, como un peligro, lo cual desata un mecanismo de defensa que termina por producir distintos tipos de respuestas físicas cognitivas y fisiológicas.
 
 
¿Cuántas veces un deportista que se deja llevar por su ira, miedo  o su impotencia pierde un partido, una carrera o una competencia?, ¿cuántas veces los deportistas son víctimas de un estado emocional que no saben dominar o manejar?, ¿cuántas veces un pensamiento que les dice “no puedo” juega un rol fundamental al momento de salir a competir? Muchas veces un deportista o un equipo deportivo no obtienen los resultados esperados, pese a ser buenos técnicamente, a utilizar la táctica correcta y a estar en buena condición física. En esos casos es conveniente revisar el dominio de sus emociones.
 
 
- Campeonato mundial Sudáfrica 2010, los contrastes emocionales se hacen patentes en el campo de juego, la imposibilidad de mantener la concentración durante los 90 minutos, inducido por el descontrol emocional de muchos jugadores, van creando esa imagen de espectacularidad de este deporte.
 
“Encuentro Argentina contra  Alemania, un gol tempranero de pelota parada luego de un error de Otamendi en la marca, nuevamente un error de concentración, luego de esta desafortunada acción, el plantel argentino decayó en su rendimiento, el impacto emocional para todos los futbolistas argentinos fue tal que Alemania manejó a placer el encuentro; Otamendi, indudablemente consciente de su error no pudo retomar su control, los fallos en la habilitación eran una constante, no marcaba correctamente y su sector fue un ruta abierta para los ataques del conjunto rival, finalmente fue cambiado”.
 
“Las mismas situaciones  en diferentes momentos se interpretan de distinto punto de vista, Cardozo jugador paraguayo en la definición por penales ante Japón marco con gran solvencia, el mismo jugador la misma situación, una pena máxima, una instancia más complicada ante España un rival que demostraba su superioridad, el resultado descontrol emocional, falta de concentración en la tarea, penal errado, disminución de su rendimiento, pérdida del encuentro;
 
Impactados observamos cómo el jugador desconsolado, lloraba la derrota y su error”.       
 
 
Reconocer los miedos sin sentirse vulnerables, ni débiles es el primer paso. Una investigación para determinar a que tienen miedo los jugadores de futbol, efectuada por Roffe psicólogo argentino, saco a la luz los siguientes resultados:
 
1) Miedo a fracasar.
 
2) Miedo a lesionarme.
 
3) Miedo a  equivocarse, a que lo separen de los titulares, a no poder dar lo que se espera de él.
 
4) Miedo a enfermarse y a perder lo ya logrado.
 
5) Miedo al futuro.
 
6) Miedo a perder.

Los deportistas se encuentran contantemente bajo el escrutinio entrenadores, el público que ve sus encuentros, de la familia que los apoya y de ellos mismos. Si sumamos a esto la presión de obtener un reconocimiento, un campeonato o un mejor desempeño, nos damos cuenta que la presión a la que ellos están expuestos es muy significativa.  Las emociones durante una competencia o entrenamiento pueden jugarnos una mala pasada, desviando su atención e impidiendo que estos puedan obtener los resultados que desean.
 
Es  importante mencionar  que desarrollar habilidades para la gestión emocional hace que los deportistas puedan ser capaces de motivarse y persistir frente a las adversidades, controlar  los impulsos, demostrar sus sentimientos, mostrar empatía, regular el humor y evitar que las emociones se desborden, a tal punto que quiera dejar el deporte que practica o se produzcan lesiones.


Objetivos buscados
 
 
Ø  Reconocimiento de las emociones y estados de ánimo: que el deportista pueda distinguirlas es el primer paso para poder avanzar con el desarrollo.
 
 
Ø  Desarrollo de habilidades para traducirlas en predisposiciones para la acción: que puedan comprenderlas y gestionarlas para poder utilizarlas para lograr los resultados que desean.
 
 
Ø  Un estado mental y cuerpo más relajados: la gestión emocional dara como resultado que los deportistas se encuentren más relajados en su estado mental y físico, lo cual incrementara la posibilidad de conseguir objetivos debido a la gestión emocional lograda, menos tensión muscular y menos dialogo interno.
 
 
Ø  Mejor comunicación de los sentimientos: poder expresarse sin temores, reconociendo lo que les sucede y trabajando en consecuencia para lograr confrontarlas.

 
 
La gestión emocional puede ayuda a que hayan menos lesiones, incrementa el rendimiento deportivo y favorece a que haya menos deportistas que abandonan. También es un factor determinante cuando el deportista se encuentra en situaciones de presión. Ante estas situaciones de presión, el deportista tiene que tomar decisiones en décimas de segundos, lo que genera grandes picos de estrés. Por eso, es necesario estar  entrenados para poder gestionar las emociones.

 
Además, los beneficios de la gestión emocional en el deporte se pueden resumir en los siguientes:
 
 
  • A nivel emocional: Mejora la orientación al logro de los objetivos, la competitividad, la identificación de valores del deporte y los personales, la autovaloración, el trabajo en equipo, el liderazgo, la empatía, el control de las reacciones y emociones negativas, entre otros.
  • A nivel físico: Ayuda a saber organizarse, a no obsesionarse con el deporte, a tener momentos de descanso, a gestionar mejor el tiempo y a crear hábitos adecuados de alimentación.
  • A nivel social: Mejora la relación con el equipo, entrenadores, preparadores, fisioterapeutas, etc.
  • A nivel racional: Ayuda a aprender cómo funciona el juego, aspectos técnicos y tácticos.
       
 
Creo fuertemente que los deportistas que cuenten con esta distinción lograran mejores resultados. Entendiendo también que los dominios primarios de palabras y pensamientos y corporalidad también se verán intervenidos, da la posibilidad de crear una nueva coherencia personal acorde a quien quiere ser ese deportista.




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